Gestión de riesgos en el Laboratorio clínico

Stella Maris Carchio es bioquímica especialista en Gestión de servicios de salud y Asesora de calidad y seguridad del paciente en el Hospital Garrahan. Activa colaboradora de la Fundación Bioquímica Argentina ha participado en distintas ediciones de CALILAB. En la de este año estará a cargo del dictado de un curso “Gestión de Riesgos en el Laboratorio Clínico” y en las Áreas de Aseguramiento de calidad y Fases Preanalíica y Postanalítica tomará parte en la coordinación de simposios acompañada de colegas de su especialidad.

Identificar los puntos críticos de los procesos del laboratorio es clave para diseñar estrategias efectivas para prevenir errores y consolidar la calidad asistencial.

En diálogo con FABAinforma, Carchio destacó que “CALILAB es mucho más que un congreso, actúa como un `disparador´ que nos estimula a evolucionar en nuestra profesión. Es un espacio de formación continua y actualización científica, donde la calidad analítica, la gestión del laboratorio, la innovación tecnológica y la seguridad del paciente son los protagonistas. Pero más allá de lo académico, CALILAB es también un punto de reencuentro e intercambio entre amigos y colegas de todo el país. Es el ámbito donde compartimos experiencias, tendemos redes entre instituciones y renovamos nuestro compromiso con la excelencia en la salud pública y privada”

.¿Qué convocatoria está teniendo el curso “Gestión de Riesgos en el Laboratorio Clínico”?
Hasta el momento contamos con más de 90 inscriptos. La Gestión de Riesgos es un tema que precisa instalarse en todas las organizaciones. Se convirtió en una necesidad no sólo asistencial sino también económica y legal.
Gestionar el riesgo en el laboratorio nos permite pasar de una posición “reactiva”, la de apagar incendios, a una “proactiva”, anticipando posibles escenarios de “lo que podría salir mal”. Identificar los puntos críticos de nuestros procesos nos permite diseñar estrategias efectivas para prevenir errores y consolidar la calidad asistencial.

¿A qué se llama “la no calidad y el costo invisible del laboratorio”?
Cuando hablamos de la “no calidad” hacemos referencia a todas las fallas o deficiencias que pueden ocurrir durante el proceso total del análisis clínico, en cualquiera de sus etapas. Incluye desde una muestra hemolizada o mal identificada, hasta un reactivo mal conservado o vencido, un equipo mal calibrado, el no contar con Programas de Evaluación Externa de la Calidad o la demora en la entrega de un resultado crítico.
El “costo invisible” es el impacto económico, operativo y asistencial que generan esas fallas y que, a diferencia de los sueldos o los insumos, no se lo tiene en cuenta a la hora de hacer un balance contable.
Son consecuencias de la “no calidad” las pérdidas operativas y financieras directas por la repetición de determinaciones, el consumo extra de reactivos y calibradores, el uso ineficiente de horas hombre, la sobrecarga de trabajo. Por otro lado, el impacto también puede ser asistencial e institucional como la pérdida de confianza por parte del médico y del paciente, el estrés laboral del personal, las demoras en el diagnóstico y el riesgo de un evento adverso (daño al paciente) con implicancias éticas y legales.
En definitiva, cuando nos referimos a la no calidad y su costo invisible, estamos poniendo en evidencia todo aquello que el laboratorio gasta a diario por no gestionar riesgos.

¿Es la etapa preanalítica la más riesgos adentro del proceso del laboratorio?
La etapa más vulnerable del proceso del análisis clínico según la bibliografía es la preanalítica, debido a una combinación de factores humanos, operativos y de control. Está integrada por subprocesos, en su mayoría manuales, donde intervienen distintos actores que pueden o no pertenecer al laboratorio (médicos, enfermeros, administrativos y hasta el propio paciente) y ocurre en diferentes ámbitos (guardia, consultorios externos, internación, centros periféricos, centros derivantes de muestras), lo que dificulta el poder garantizar el cumplimiento de normativas. Depende íntegramente de la buena comunicación y precisa, al igual que las otras etapas, del monitoreo constante del desempeño de los procesos con indicadores de calidad. En resumen, la preanalítica es la etapa de mayor riesgo porque combina el menor nivel de control directo por parte del laboratorio con la mayor intervención humana y variabilidad operativa.

¿Cómo se gestionan los riesgos en el laboratorio?
La gestión de riesgos en el laboratorio clínico es un proceso sistemático y proactivo que busca identificar, evaluar, controlar y monitorear las posibles fallas antes de que impacten en la calidad del resultado, la continuidad operativa o la seguridad del paciente.
Cuando gestionamos riesgos nos hacemos 5 preguntas:

1. ¿Qué puede salir mal?
Identifico el riesgo
Consiste en mapear todo el proceso diagnóstico (preanalítica, analítica y postanalítica) para detectar puntos críticos, peligros y vulnerabilidades.

2. ¿Qué tan grave es?
Evalúo el impacto
Para cada riesgo identificado, se determina su Probabilidad de Ocurrencia (P), su Gravedad o Impacto (G). En metodologías como el AMFE (Análisis Modal de Fallas y Efectos), su Detectabilidad (D), calculando el Número de Prioridad de Riesgo (NPR = P x G x D) para jerarquizar las fallas que voy a intervenir primero.

3. ¿Cómo lo prevenimos?
Controlo y mitigo el Riesgo
Se diseñan e implementan barreras de seguridad e intervenciones estratégicas para eliminar el riesgo o reducirlo a un nivel aceptable.

4. ¿Las medidas adoptadas están funcionando?
Monitoreo y Revisión Continua con indicadores de calidad.
Los riesgos no son estáticos; varían al incorporar nueva tecnología, cambiar de personal o modificar flujos de trabajo.

5. Pasar de “¿quién falló?” a “¿por qué falló el sistema?”
Fomentando un enfoque no punitivo de la gestión de errores, fortaleciendo la Comunicación y la Cultura Justa de Seguridad.

Gestionar riesgos tiene sus ventajas. Permite:

  1. Identificar fallas antes de que lleguen al paciente, reduciendo errores en cada etapa del proceso del análisis.
  2. Dar continuidad operativa y resiliencia: Ante fallas graves tecnológicas, desabastecimiento de reactivos, incidentes edilicios o cibernéticos, el laboratorio cuenta con planes de contingencia probados para seguir funcionando sin perder calidad.
  3. Protección legal e institucional: Minimiza la exposición a reclamos, demandas o sanciones ético-legales
  4. Eficiencia y optimización de recursos: Evita el costo oculto de la “no calidad”
  5. Cultura de trabajo no punitiva: Transforma la gestión de errores. Pasa de buscar culpables a analizar fallas sistémicas como causa primaria del error humano, promoviendo la notificación voluntaria y el aprendizaje continuo del equipo.